La máquina roba-sueños

Guión: Eugenio Tisselli

Dibujos: Isela Xospa y Eugenio Tisselli

Editorial:  motorhueso.net

Número de edición: Primera

Año de edición: 2025

Tiraje: 100 ejemplares

Formato: Libro impreso

Medidas: 21 x 14 cm

La máquina roba-sueños

“La máquina roba-sueños” es un pequeño libro ilustrado que quiere plantear preguntas pertinentes para una época como la nuestra, en la que la inteligencia artificial (IA) aparece como una extraña compañera en todos los espacios de nuestra vida cotidiana. Está allí, en el trabajo y la escuela, pero también en los momentos que dedicamos a la creatividad. A través de dibujos y textos, este libro pretende hacernos reflexionar sobre qué es la IA, de dónde viene, y qué consecuencias puede tener el que le demos la bienvenida.

Aunque se nos suele presentar como una tecnología maravillosa que lo puede cambiar todo, la IA tiene también algunos aspectos preocupantes que debemos conocer antes de tomar una decisión sobre si nos conviene utilizarla o no. En los siguientes párrafos, los autores quisimos detallar un poco más algunos de estos aspectos, que en “La máquina roba-sueños” aparecen ilustrados de manera breve. Nos pareció importante explicarlos a mayor profundidad, para así aclarar algunas dudas o inquietudes que el libro podría provocar.

Sobre la tecnología

Podemos pensar en la tecnología como un conjunto de invenciones y artefactos que aumentan las capacidades de nuestro cuerpo y que, si las utilizamos bien, pueden ayudarnos a vivir mejor y tener mayores conocimientos. Un telescopio, por ejemplo, nos permite ver más de lo que nuestros ojos pueden, y así nos ayuda a conocer los secretos del cielo. En la época conocida como la Revolución Industrial, que tuvo lugar en Europa a partir del siglo 18 y se extendió al resto del mundo posteriormente, se fabricaron máquinas que imitaron y sustituyeron las habilidades de las y los artesanos. Este proceso se ilustra en “La máquina roba-sueños” a través de la historia del zapatero, cuyo arte es reemplazado por una artefacto que hace zapatos casi automáticamente.

Las máquinas fueron entrando no solamente en las fábricas, sino también en los hogares. Un ejemplo familiar es la lavadora de ropa, que, al llegar a nuestra vida cotidiana, nos ahorró el esfuerzo y los inconvenientes de lavar nuestras prendas a mano. La lavadora nos muestra que la tecnología tiene aspectos positivos; sin embargo, incluso los aparatos tecnológicos que hacen que nuestras vidas sean más confortables suelen traer también consecuencias negativas. La lavadora necesita energía eléctrica para funcionar, y esa energía suele generarse a partir de combustibles fósiles, como el petróleo o el gas, que, al quemarse, liberan CO2 (bióxido de carbono) a la atmósfera, contribuyendo así al llamado “efecto invernadero” que calienta nuestro planeta.

Las computadoras no son tecnologías mecánicas, sino electrónicas, que, para funcionar, también necesitan energía. Si las conectamos a internet, debemos tomar en cuenta la existencia de los cables terrestres y submarinos a través de los cuales circula información, además de los centros de datos en los que miles de computadoras guardan, procesan y nos entregan todo tipo de objetos digitales: textos, imágenes, videos o música. Por ello, podemos decir que, detrás de lo que sucede en nuestra pantalla, hay toda una infraestructura que se extiende a lo largo y ancho de la tierra y los mares.

Historia de la IA

“La máquina roba-sueños” trata sobre la IA generativa, es decir, el sistema computacional que genera textos y palabras de una forma aparentemente inteligente. Aunque la IA generativa es relativamente nueva, es importante tener presente que el campo de la IA tiene una historia que comenzó en los años 50s del siglo 20. El matemático inglés Alan Turing, considerado como uno de los padres de la IA, se preguntaba en 1950 si una computadora podía pensar como lo hacemos nosotros. Él mismo consideró que esta pregunta era absurda, y, en cambio, formuló otra: “¿puede una computadora generar textos que se parezcan a los que escribimos los humanos?” Lo que Turing quería señalar, ya desde entonces, es que una máquina no puede pensar, pero sí puede simular que piensa. Sin embargo, la búsqueda por desarrollar sistemas computacionales con capacidades similares a las de un apersona no se detuvo. Al contrario: encontró épocas de auge y hallazgos, así como de desilusiones y olvido. La IA ha logrado tener éxito en algunos campos de investigación científica, especialmente en aquellos que pueden beneficiarse del reconocimiento de patrones. Por ejemplo, existen sistemas que buscan patrones en el “ruido espacial” captado por los radiotelescopios situados en diferentes puntos de la Tierra, con el propósito de encontrar algún indicio de vida extraterrestre. Aunque aún no se ha logrado obtener evidencias sólidas de señales inteligentes transmitidas desde el espacio exterior, la gran capacidad de la IA para analizar el ruido y encontrar en él patrones es, sin duda, una herramienta muy valiosa.

¿Por qué seguimos afirmando, como lo hizo Alan Turing, que la IA no piensa tal como nosotros lo hacemos? Algunos científicos, como el chileno Francisco Varela, proponen que el pensamiento y la inteligencia no suceden solamente en el cerebro, sino que involucran a todo el cuerpo. Si la inteligencia es la manera en que somos capaces de adaptarnos a las condiciones siempre cambiantes del mundo en el que vivimos, no es difícil entender por qué nuestros órganos, nuestros sentidos, y nuestras sensaciones como el hambre o el sueño, forman también parte de esa continua tarea de adaptación. Si llevamos más allá la idea de que “pensamos con el cuerpo entero”, como lo aprende a hacer el bebé que aparece en “La máquina roba-sueños”, también tendremos que reconocer que el lenguaje no puede ser la única medida de la inteligencia. Una jugadora de futbol, o un músico que toca el violín, manifiestan formas de inteligencia que no necesariamente involucran las palabras o el razonamiento lógico. Así pues, la IA generativa que produce textos e imágenes nos hace creer que es inteligente. ¡Pero le falta el cuerpo! ¡Y también le falta la habilidad de experimentar el mundo, y de aprender de su experiencia! Por todo esto, podemos decir que la IA necesita recorrer todavía un camino muy largo para lograr tener una inteligencia parecida a la nuestra.

IA y propiedad intelectual

¿Por qué roba sueños la máquina roba-sueños? Los dibujos, las fotografías, los poemas, los cuentos y las novelas son algunas de las manifestaciones tangibles de nuestros sueños, de nuestra imaginación. Antes de poder ser utilizadas, las aplicaciones de IA generativa necesitan entrenarse, es decir, analizar miles, millones de imágenes y textos, con el fin de reconocer los patrones que hay en ellos y después reproducirlos mediante algoritmos llamados “redes neuronales”.

Un algoritmo, o un programa es una serie de operaciones que una computadora debe ejecutar para llegar a un resultado. Y una red neuronal es un algoritmo, inspirado en la estructura de nuestro cerebro, que permite a la computadora reconocer y adquirir nuevos patrones de información.

En resumen, una aplicación de IA generativa se entrena mediante un algoritmo de redes neuronales, capaz de “aprender”, reconocer y producir nueva información basada en lo aprendido.

Ahora bien, si este algoritmo necesita alimentarse con tantísimas imágenes y textos, sería razonable preguntarnos de dónde se toma toda esa información. La respuesta rápida y sencilla que encontraron las compañías que desarrollan aplicaciones de IA generativa fue ir a buscarla en internet. Cada día subimos fotos, dibujos, textos y demás cosas a las redes sociales y otros sitios de internet, casi siempre con el propósito de compartirlas con nuestras amigas y amigos. También hay artistas que publican su trabajo en internet para darse a conocer. En este último caso, es probable que un dibujante profesional, por ejemplo, suba sus ilustraciones para que podamos verlas, pero eso no significa que podemos utilizarlas sin permiso. Una escritora también podría querer publicar sus cuentos en una página web, pero no por ello debemos asumir que esos cuentos no están protegidos por derechos de propiedad intelectual. A pesar de que hay personas que no están de acuerdo con la propiedad intelectual, porque argumentan que la cultura debe ser libre, debemos reconocer que hay artistas que viven de su trabajo, y que por esa razón deciden protegerlo ante usos no deseados que podrían dañar su fuente de ingresos. Pero no es lo mismo compartir tu canción favorita con tus amigas y amigos, que cuando una compañía con un gran capital económico toma esa canción sin permiso ni compensación para el artista, y la utiliza para entrenar sus aplicaciones de IA. Las y los autores cuyo trabajo ha sido usado para esos fines se han quejado ante estas prácticas, e incluso han presentado demandas contra las compañías que, según ellos, roban su trabajo de forma abusiva. En “La máquina roba-sueños”, planteamos la pregunta de si es justo, o no, que dichas compañías multimillonarias extraigan todo tipo de materiales, sin la aprobación de sus creadores, con el fin de entrenar sus modelos.

Impactos ambientales de la IA

Cuando miramos qué sucede más allá de nuestra pantalla, descubrimos que los problemas provocados por las aplicaciones de IA generativa son muchos, y algunos de ellos son, en verdad, muy difíciles de imaginar. En “La máquina roba-sueños” se muestra brevemente cómo es que esas aplicaciones también provocan una serie de impactos ambientales preocupantes, que, cuando los conocemos, se vuelven imposibles de ignorar. No los vemos porque, en la mayoría de los casos, suceden lejos de nuestras casas, escuelas o lugares de trabajo. Pero, si pensamos que la naturaleza es un inmenso ecosistema en el que todo está conectado, veremos que, aunque el consumo excesivo de agua o la contaminación atmosférica tengan lugar en sitios remotos, también nos afectan.

Los impactos ambientales de la IA, provocados sobre todo por el consumo de energía de los centros de datos, y el uso de agua para enfriar las computadoras que allí funcionan, afectan a las comunidades cercanas, y a la larga nos afectan a todos. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la mayoría de las compañías que mantienen en funcionamiento los centros de datos no informan sobre su consumo de agua o energía. Así que, lo que sabemos hasta hoy, son estimaciones, y es posible que los datos reales sean aún más alarmantes.

En cuanto a la energía, sabemos que la IA, con sus complejos cálculos computacionales, está provocando un aumento significativo en el consumo. Si esa energía proviene de combustibles fósiles, este consumo incrementará también las emisiones de CO2. Se estima que, en 2026, el consumo energético de los centros de datos a nivel mundial será de 1,000 Terawatts por hora, es decir, el mismo nivel de consumo de todo Japón. Para 2030, la energía necesaria para mantener funcionando la IA generativa podría llegar a ser un 3% de toda la electricidad que se produce en el mundo. Y, si se sigue usando petróleo o gas para alimentar los centros de datos, las emisiones de CO2 en 2030 podrían llegar a los 2,500 millones de tonelada ¡Esto equivaldría al 40% del total de emisiones anuales de Estados Unidos!

Como sabemos, el agua es un recurso imprescindible para la vida, no solamente de las personas, sino también de los animales y las plantas. A muchas personas les sorprende que la IA consuma agua, porque tal vez no saben que las computadoras que hacen los cálculos necesarios para hacer funcionar los algoritmos generativos se calientan mucho. Cuando las computadoras se sobrecalientan, fallan, y pueden dejar de funcionar. Se podrían enfriar con un sistema de refrigeración, como el que hay en el refrigerador que tenemos en casa. Pero hacerlo así consumiría una cantidad muy grande de energía, y sería bastante caro, así que, en cambio, se utilizan sistemas de enfriamiento con agua, tal como queda ilustrado en “La máquina roba-sueños”. La cantidad de agua que se utiliza para enfriar las computadoras de los centros de datos es un poco más difícil de calcular que la energía, ya que depende del tipo de sistema de enfriamiento, así como las condiciones ambientales de humedad y temperatura del lugar en el que se encuentren las instalaciones. En 2023, se estimó que los centros de datos en Estados Unidos utilizaron 64 mil millones de litros de agua, y se prevé que esa cantidad podría duplicarse, y hasta cuadruplicarse, en 2028. Algunos investigadores hicieron cálculos, y encontraron que una sesión promedio con ChatGPT equivalía a consumir medio litro de agua. Además de estos grandes volúmenes, sabemos que gran parte de los nuevos centros de datos que se están construyendo como respuesta al auge de la IA, se encuentran en zonas que ya padecen de sequía o escasez de agua.

Fuentes:

– Consumo energético: https://www.iea.org/topics/artificial-intelligence

– Emisiones de CO2: https://www.datacenterdynamics.com/en/news/morgan-stanley-data-center-industry-will-emit-25bn-tons-of-co2-by-2030/

– Consumo de agua de los centros de datos en Estados Unidos: https://theconversation.com/data-centers-consume-massive-amounts-of-water-companies-rarely-tell-the-public-exactly-how-much-262901

– ¿Cuánta agua consume una sesión con ChatGPT?: https://www.thetimes.com/uk/technology-uk/article/thirsty-chatgpt-uses-four-times-more-water-than-previously-thought-bc0pqswdr

– Centros de datos construidos en zonas áridas: https://www.theguardian.com/environment/2025/apr/09/big-tech-datacentres-water

“La máquina-roba sueños” quiere ser un estímulo para detonar preguntas sobre las tecnologías que usamos en nuestra vida diaria. En el libro, tomamos la decisión de mostrar algunos de los aspectos problemáticos de la IA, como contrapeso a las múltiples voces que, con gran entusiasmo, nos dicen que se trata de una tecnología maravillosa que lo va a cambiar todo. Pero, ¿de verdad es tan maravillosa? ¿Qué cosas podría cambiar, y cómo podría cambiarlas? ¿Realmente deseamos ver esos cambios que promete la IA? ¿Qué tecnologías deseamos ver en nuestras vidas? Estas son algunas de las preguntas que quisiéramos detonar en nuestros lectores y lectoras, deseando alentar así una relación más sana con los dispositivos tecnológicos que hoy se hacen presentes en todos los momentos y espacios de nuestro día a día.

¿Quiénes hicieron el libro?

Isela Xospa es editora e ilustradora; Eugenio Tisselli es programador y escritor, y juntos comparten un amor profundo por la naturaleza. Comparten también su preocupación por el daño que hacen las tecnologías depredadoras, y por ello se han dado a la tarea de investigar e informar sobre las consecuencias que el uso de estas tiene en el medio ambiente. Sobre todo, desean proponer preguntas a chicos y grandes, para que pensemos en común qué tecnologías queremos en nuestras vidas.